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CRONICAS DE UN MUNDO EN CONFLICTO
Información y educación para un desarrollo sustentable.

La flexibilidad laboral significa rebajar derechos conquistados por varias generaciones

Decíamos en en artículo anterior que una manera de minar la seguridad es amenazar con la pérdida del empleo.
Otra estratagema es la promoción de lo que se llama "la flexibilidad del mercado de trabajo".
 
Déjenme citar al Banco Mundial, que expone la cuestión sin tapujos. Dice: "el incremento de la flexibilidad en el mercado de trabajo, a pesar de su mala fama, y de que se ha adoptado como un eufemismo de disminución de salarios y de despido de trabajadores" (que es exactamente lo que es) "es esencial en todas las regiones del mundo (...) Las reformas más importantes implican el levantamiento de restricciones a la movilidad laboral y la flexibilidad salarial, así como desvincular los servicios sociales de los contratos laborales". Esto significa rebajar los beneficios y los derechos que se han conquistado por varias generaciones y tras una dura lucha.
Cuando se habla de rebajar las restricciones a la flexibilidad salarial, quieren decir flexibilidad hacia abajo, no hacia arriba. Cuando se habla de movilidad laboral no se hace referencia al derecho de la gente de mudarse allá donde quiera, tal como ha sido siempre reclamado desde la teoría del libre mercado, desde Adam Smith, sino más bien se hace referencia al derecho de despedir trabajadores cuando convenga la actual versión de la globalización basada en los inversores el capital y las empresas deben tener libertad de movimientos, pero no así la gente, ya que sus derechos son secundarios, anecdóticos.
 
Estas "reformas esenciales", tal como las denomina el Banco Mundial, están impuestas en gran parte del mundo como condiciones para disponer del visto bueno del Banco Mundial y del FMI. En los países industriales se introducen de otro modo, y también se han revelado efectivas.
 
Alan Greenspan declaró ante el Congreso que la "mayor inseguridad de los trabajadores" ha constituido un factor importante en lo que se ha llamado "el cuento de hadas de la economía".
 
Mantiene la inflación baja, ya que los trabajadores tienen miedo de reclamar más salario y beneficios. Se encuentran inseguros. Esto se ve a las claras si examinamos las estadísticas. Durante los últimos 25 años, en este período de repliegue de crisis de la democracia, los salarios se han estancado o han bajado para la mayor parte de la fuerza de trabajo, para los trabajadores no cualificados , y las horas de trabajo han aumentado espectacularmente; esto se comenta, por supuesto, en la prensa económica, que lo describe como “un desarrollo deseado de trascendente importancia”, con trabajadores obligados a abandonar sus “lujosos estilos de vida”, mientras los beneficios empresariales son “superlativos” y “estupendos” (Wall Street Journal, Business Week y Fortune).
 
En las dependencias, las medidas son menos delicadas. Una de ellas es la llamada "crisis de la deuda", sin atribuible a los programas del Banco Mundial y del FMI, y tambien al hecho de que la parte rica del Tercer Mundo está, en su su mayor parte, exenta de obligaciones sociales. Esto es radicálmente cierto en América Latina, y constituye uno de los problemas principales. La "crisis de la deuda" es real, pero vayamos un poco más allá. De ningún modo es un simple hecho económico.
 
Se trata, en un sentido amplio, de destrucción ideológica. Lo que se ha dado en llamar “deuda” podría ser superado fácilmente de varias y elementales maneras.
 
Una manera de superarla sería revisar el principio capitalista de que el que pide prestado tiene que pagar y el prestamista tiene que tomar el riesgo. Así, por ejemplo, si alguien me presta dinero y lo mando a mi banco en Zurich y me compro un Mercedes, y luego ese alguien viene y me pregunta por el dinero, está claro que no puedo decirle: "Lo siento, no lo tengo. Cójalo de mi Vecino”. Aunque uno quiera asumir el riesgo del préstamo, está claro que no puede decir “mi vecino pagará por mí”.
 

Sin embargo, en las negociaciones internacionales se funciona así. En esto consiste la "crisis de la deuda". La deuda no la debe pagar la gente que pidió prestado (los dictadores militares y sus compinches, los ricos y privilegiados que hemos apoyado en sociedades altamente autoritarias), estos no tienen que pagar. Por ejemplo, veamos el caso de Indonesia, donde la deuda actual es de un 140% del PIB. El dinero fue concedido a la dictadura militar y sus amigos y probablemente llegó a quizás unas doscientas personas del entorno exterior, pero es pagado por la población mediante durísimas medidas de austeridad. Los prestamistas están protegidos del riesgo en su mayor parte. Utilizan el dinero resultante del traspaso del riesgo a la sociedad mediante diversas estrategias de socialización de costes, transfiriéndolos a los contribuyentes del Norte. Esta es una de las funciones del FMI.
 
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