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CRONICAS DE UN MUNDO EN CONFLICTO
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El segundo mundo, imperios e influencias en el nuevo orden global

El segundo mundo ofrece una lectura fascinante e innovadora de la nueva configuración geopolítica del siglo XXI. La complejidad y la aparición de diversos núcleos de poder son la clave para describir el nuevo orden global. Estados Unidos, la Unión Europea y China parecen dirigir el nuevo liderazgo. No obstante, la influencia de los llamados países del segundo mundo es cada vez mayor en la conformación de la hegemonía mundial.
 
Parag Khanna, calificado como el nuevo Francis Fukuyama de esta década, considera que la nueva geopolítica mundial se divide en tres esferas, el primer mundo está dirigido por los Estados Unidos, la Unión Europea y China, quienes concentran el mayor poder balístico, económico, político, así como una amplia proyección de poder hegemónico. El segundo mundo está representado por cinco macro-regiones separadas: Europa del este, Asia central, América Latina, Medio Oriente y el este de Asia, que concentran también cierto poder en tanto economías emergentes. El tercer mundo estaría representado por el resto de los países que siguen en posición de subordinación con respecto al primero y segundo mundo. Además su desarrollo es lento y su rol en la escena internacional es limitado.
 
Desde esta nueva propuesta de análisis geopolítico contemporáneo, el primer mundo representado por China, Estados Unidos y la Unión Europea disputan sus áreas de influencia por vía económica, diplomática, mediática, intelectual y política. En tanto, el segundo mundo lucha por reafirmarse y posicionarse a nivel internacional de sus recursos naturales, humanos, políticos y económicos. En este segundo bloque entraría Rusia, India, Japón, Ucrania, Turquía, Azerbaiyán, Kazajistán, Uzbekistán, Libia, Egipto, Arabia Saudita, Irán, Malasia e Indonesia. Aunque conviene destacar que Khanna ubica algunos países de América Latina dentro del segundo mundo: México, Venezuela, Colombia, Brasil, Argentina y Chile.
 
Para Khanna, quien también ha sido consejero geopolítico para las fuerzas especiales de los Estados Unidos en Irak y en Afganistán, y consejero en la campaña de Barack Obama, Estados Unidos no cuenta más con la total hegemonía global para imponer su voluntad, ni tampoco con la capacidad militar para pulverizar a sus enemigos. De hecho, afirma Khanna, la influencia de Estados Unidos ha disminuido más rápidamente tras sostener una postura más militarizada, sobre todo en el mundo árabe y en el este asiático, pues el problema en el conflicto árabe no sólo ha sido "aplicar la fuerza, sino legitimarla".
 
Ni el idealismo democrático ni el mesianismo hegemónico sostienen más la credibilidad y los ideales de la promesa estadounidense: libertad, felicidad, oportunidad y democracia. Estados Unidos de América tampoco está solo en el mercado de modelos de desarrollo, sus amigos y rivales, la Unión Europea y China, le han quitado el sueño.
 
El liderazgo hegemónico mundial ejercido por Estados Unidos, luego del colapso de la Unión Soviética en 1991, ya no pertenece más a los estadounidenses. Hoy día, dice Khanna —quien es también analista del New York Times, BBC, CNN y otras cadenas de información internacional— la hegemonía es compartida también con los nuevos actores: el segundo mundo.
 
El segundo mundo, describe el analista de origen hindú-estadounidense, está formado por países que representan los mercados emergentes activos; cuentan con la mayor parte de reservas energéticas y recursos vitales como el agua y zonas verdes; elaboran sus propias agendas políticas al margen de la voluntad de los Estados Unidos y negocian mercados con los tres nuevos líderes mundiales, sin dejarse someter por ninguno.
 
Según Khanna —quien es licenciado en Asuntos Internacionales y en Filosofía por la escuela del Servicio Extranjero en la Universidad de Georgetown y maestro en estudios de Seguridad por la misma universidad y candidato a doctor en Relaciones Internacionales por la Escuela de Economía de Londres—, la descripción geopolítica del poder mundial se ha hecho más compleja debido a la aparición de nuevos polos de poder, cuyas decisiones pueden alterar, desestabilizar o influir en el orden mundial.
 
De acuerdo al experto en geopolítica, gestión global, asuntos europeos y asiáticos, el segundo mundo es una zona en transición de gran potencial, tanto por su posición actual como por su proyección a largo plazo. Aunque Khanna advierte que los países que se encuentran en el segundo mundo pueden unirse al primer mundo o desplazarse al tercero.
 
El primer mundo no es está más definido, argumenta Khanna, por la pertenencia a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), exceptuando a México y Turquía, que no son países del primer grupo. Ni tampoco el tercer mundo puede designarse solamente siguiendo la clasificación de los 48 países menos desarrollados de la Banca Mundial, o incluso, la denominación del "cuarto mundo" o "Global sur", exhibiendo a los niveles más bajos del desarrollo socio-económico y del poder estatal localizados principalmente en América Latina, África, Asia del Sur y Asia del Pacífico.
 
Para Khanna, la nueva complejidad clasificatoria del desarrollo internacional ha sufrido una transformación radical en la cual los países del segundo mundo frecuentemente presentan rasgos tanto del primer como del tercer mundo, debido a que en las sociedades del segundo mundo un porcentaje de la población vive con un estilo de vida moderno, con estándares de desarrollo del mundo industrializado —tales como profesionales altamente calificados—, pero coexisten con una pequeña clase media y una enorme población sumida en la pobreza.
 
El segundo mundo está creciendo no sólo en términos de sus mercados emergentes, sino también en niveles educativos. Chile y Malasia, por ejemplo, asegura Khanna, están avanzando en dirección al primer mundo. En tanto, Egipto e Indonesia apuntan a disminuir su grado de desarrollo en dirección riesgosa hacia el tercer mundo.
 
Los países del segundo mundo —indica el también multilingüe en alemán, hindú, francés, español, inglés y árabe— se encuentran navegando en las turbulentas aguas de la modernidad, sus indicadores políticos, económicos y sociales frecuentemente se mueven en diferentes direcciones simultáneamente, y las diferencias entre primer y tercer mundo se confunden.
 
Siguiendo al ex consejero del Foro Económico Mundial de Ginebra, Suiza, casi todos los países del segundo mundo caen en la zona de democracias en transición con ingresos que van de los tres mil a los seis mil dólares. Estos países están a prueba para determinar si la democratización es un verdadero deseo de transformación política y social o si sólo se trata de la imitación de la cultura de occidente.
 
La globalización, asegura Khanna —quien fuera reconocido en 2009 con el premio del líder global de la juventud otorgado por el Foro Económico Mundial—, es un fenómeno que ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad. Sin embargo, gracias al desarrollo tecnológico, la globalización hoy más que nunca se encuentra presente en todas las sociedades, aunque en diferentes grados.
 
Por ejemplo, los países del primer mundo se encuentran totalmente globalizados, los del segundo, parcialmente globalizados y los pertenecientes al tercer mundo escasamente o no globalizados. El proceso de globalización está generando ganadores y perdedores, pues no todos los países se globalizan al mismo ritmo ni obtienen las mismas ventajas.
 
Khanna —director de la iniciativa global de Gobierno del programa del Estratégico Estadounidense en la fundación La Nueva América— indica que los nuevos tres gigantes (China, Estados Unidos y la Unión Europea) tratan de utilizar la globalización como campo magnético para atraer a sus órbitas a países del segundo mundo. De ahí que el principal reto de este siglo, dice Khanna, sea crear una integración globalizada capaz de prevenir el retorno a una rivalidad geopolítica entre los tres superpoderes en un pequeño planeta con escasos recursos naturales y energéticos.
 
Analizando la globalización económica, Khanna menciona que los tres gigantes cuentan con corporaciones o empresas globales que controlan el suministro de las cadenas mundiales y frecuentemente están localizados en los dominios de sus contrapartes, lo que significa que su continua prosperidad depende de la fortaleza de los otros: 40% del comercio estadounidense es realizado en el este asiático, y el resto con Europa. Estados Unidos depende de las mercancías baratas chinas, y China depende del apetito de los bonos del tesoro estadounidense. China depende también de las inversiones de Europa y Estados Unidos.
 
Por su parte, Europa y Estados Unidos saben los costos y beneficios de trasladar la producción a China, y de los riesgos que implica para ellos que China crezca económicamente y pueda rebasarlos, despojándolos de sus privilegios. Sin embargo, tanto la geopolítica como la globalización están completamente gobernadas por las mismas fuerzas: miedo y codicia. Hoy, la globalización está representada en una red donde hay múltiples arañas, pero tres son las más peligrosas y se encuentran en intensa competencia.
 
El análisis de Khanna —investigador del Consejo de Relaciones Extranjeras estadounidenses— está fundado también en el rol de los imperios en el nuevo orden mundial. El término imperio, señala el explorador de más de 100 países, está fuera de moda, aunque hoy más que nunca sigue siendo valido, sobre todo para describir su influencia sobre los países del segundo y tercer mundo.
 
Khanna advierte que en el nuevo orden global del siglo XXI, el nuevo rostro de los imperios se funda en relaciones de intercambio, donde se prefiere la colaboración más que la imposición sobre los territorios conquistados, como solía ocurrir en el pasado. Los imperios de hoy, entre los que Khanna sitúa a la Unión Europea, China y Estados Unidos, se preocupan más por el poder y el crecimiento económico que por la imposición de una sola cultura.
 
Sin duda, como ha sucedido a lo largo de la historia de los imperios, éstos se encuentran en disputa por alimentar su poderío geográfico, económico, político, balístico, tecnológico y mediático, siendo coherentes con los nuevos tiempos. Aunque Khanna advierte que los nuevos imperios "ya no conquistan a los países pobres como sucedía en el pasado, ahora los compran". Tampoco envían virreyes a sus colonias, sino embajadores.
 
Desde esta nueva perspectiva, cada imperio despliega sus propias armas para legitimar su posicionamiento a nivel mundial. Estos tres súper poderes también luchan entre sí para ganar aliados, aumentar su influencia en su misma región o en regiones distantes. Los tres imperios también generan nuevos discursos para proyectar su poder y atraer el mayor número de países del segundo mundo a sus órbitas, sobre todo, si son países que cuentan con recursos naturales, humanos o energéticos que les son indispensables para continuar su ritmo de industrialización y desarrollo.
 
Sin embargo, los tres súper poderes también enfrentan algunas limitantes. La Unión Europea se muestra a los ojos de Khanna como el modelo más interesante debido a que comparte con los países menos ricos de la comunidad europea algunas regalías y los impulsa a su crecimiento económico. Sin embargo, su gran limitante es el envejecimiento de su población y la falta de integración de algunas minorías, sobre todo de origen musulmán.
 
China, por su lado, ha creado algunos aliados con países de economías emergentes, pero también varios opositores a su régimen político por su negligencia en el respeto a los derechos humanos de su población (sobre todo a aquellos de origen tibetano), así como por su falta de libertad de expresión y su despotismo.
 
Los Estados Unidos de América también enfrentan varias limitaciones para poder mantener su hegemonía sobre todo después de la guerra de Irak, su intervención en Medio Oriente y su política intervencionista a nivel mundial. Sin contar con el descontento interno de su población frente a las recientes crisis financieras y el manejo del sistema de salud para los grupos desfavorecidos.
 
Por primera vez en la historia, existe un mundo multipolar y multicivilizacional, es decir un mundo que se mueve por diversos ejes de poder con múltiples modelos de civilización. Un mundo con diversos pivotes regionales en Europa del este, Asia central, América Latina, Medio Oriente y el este asiático.
 
El segundo mundo: Imperios e influencias en el nuevo orden global presenta un análisis innovador y fundamentado no sólo con observación de campo, estudio estadístico y revisión histórica. Sino también en hechos que han conmovido al mundo y que han tenido repercusiones en la modificación de las coordenadas de la geopolítica contemporánea. El nuevo orden global muestra que no sólo habrá un discurso dominante, ni un solo sentido "civilizatorio" sino varios, mayores opciones de desarrollo y más ofertas para crear alianzas que no estarán fundadas únicamente en el Consenso de Washington. En este nuevo escenario, las estrategias de guerra son replanteadas no sólo desde la trinchera balística, sino también utilizando nuevas estrategias de proyección de poder, de influencia cultural, lingüística, tecnológica, nuclear, económica, política y diplomática.
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