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CRONICAS DE UN MUNDO EN CONFLICTO
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El abanico polìtico de la enorme deuda Latinoamericana, el TINA y la minoría opulenta.


La enorme deuda Latinoamericana no puede considerarse algo muy diferente de la fuga de capitales de América Latina, lo que sugiere una manera simple de tratar la deuda (o al menos una gran parte de ésta), siempre y cuando alguien crea en el principio capitalista anterior, el cual resulta "inaceptable", por supuesto, ya que pone el acento en la gente "equivocada", en la minoría opulenta.
 
Hay otros modos de eliminar la deuda y también dejan entrever que se trata de una construcción ideológica. Otro método, aparte del principio capitalista, es el principio de Derecho Internacional introducido por EE UU cuando, según los libros de historia, "liberó" Cuba, es decir, cuando la conquistó en prevención de que se liberara ella misma de España en 1898. Una vez "liberada", EE.UU. canceló su deuda con España con el argumento perfectamente razonable de que la deuda fue impuesta sin el consentimiento de la población, que fue impuesta bajo condiciones coercitivas.
 
Ese principio entró en el Derecho Internacional, básicamente a instancias de EE UU. Se llama el
 
"principio de la deuda odiosa". Una "deuda odiosa" es inválida, no hay que pagarla.
 
Esto ha sido reconocido por el director ejecutivo estadounidense del FMI: si ese principio estuviera al alcance de las víctimas, no sólo de los ricos, la deuda del Tercer Mundo se evaporaría en su mayor pane, ya que es inválida. Es deuda odiosa.
 
Pero esto no ocurrirá. La deuda odiosa es un arma muy poderosa de control que no se puede abandonar. Para aproximadamente la mitad de la población mundial, en estos momentos y gracias a este método, sus políticas económicas nacionales las dirigen burócratas desde Washington.
 
Además, la mitad de la población del mundo (no la misma de antes, aunque se puede solapar), está sujeta a sanciones unilaterales de EE UU, lo que constituye una forma de coacción económica que, de nuevo, mina severamente la soberanía y ha sido condenada repetidamente, hace muy poco de nuevo, por Naciones Unidas como inaceptable. Pero parece que no importa.
 
Entre los países ricos hay otras maneras de llegar a resultados similares. Volveré luego sobre ello, pero antes unas palabras sobre algo que jamás deberíamos olvidar: las estrategias utilizadas en las dependencias pueden ser extremadamente brutales.


Los jesuítas organizaron una conferencia en San Salvador hace un par de años. Se habló en ella del terrorismo de Estado de los años 80 y de su continuación a través de las políticas socioeconómicas impuestas por los vencedores. La conferencia tomó buena nota de lo que denominó la residual "cultura del terror", que dura tras el declive del terror de facto y tiene como efecto la "domesticación de las expectativas de la mayoría", que abandona cualquier idea de "alternativa a las exigencias de los poderosos".
 
Han aprendido la lección: No Hay Alternativa (TINA)', tal como rezaba la cruel frase de Maggie Thatcher. La idea de que no hay alternativa es el eslogan habitual en la versión empresarial de la globalización. En las dependencias, los grandes logros de las operaciones terroristas han consistido en destruir las esperanzas que habían surgido, en América Latina y en Centroamérica durante los años 70, de la mano de las organizaciones populares a lo largo y ancho de la región, y también de la Iglesia, cuya opción "por los pobres" le costó severos castigos por haberse apartado del buen camino.
 
A veces las lecciones sobre el pasado se reescriben más cuidadosamente y en un tono más mesurado. Se percibe hoy un torrente de autocomplacencia acerca de "nuestro" éxito a la hora de inspirar la ola de democracia en "nuestras" dependencias latinoamericanas. Este tema está tratado de otro modo, y más cuidadosamente, en una revista académica por un especialista en el tema, Tilomas Carrothers, quien escribe, tal como él mismo dice, desde una "perspectiva interna", ya que trabajó en la administración Reagan en el programa del Departamento de Estado de fortalecimiento de la democracia, tal como lo llamaban ellos.
El abanico polìtico de la enorme deuda Latinoamericana, el TINA y la minoría opulenta.Twitta
Carrothers cree que Washington tenía buenas intenciones, pero reconoce que, en la práctica, la Administración Reagan buscó mantener "un orden mínimo en... sociedades no demasiado democráticas" y evitar "cambios basados en el populismo", y como sus predecesores, adoptó "políticas prodemocráticas como medio de quitar presión a tentativas de cambio más radicales, pero inevitablemente buscó sólo limitados cambios democráticos de perfil bajo, que no pusieran en riesgo las tradicionales estructuras de poder de las cuales los Estados Unidos han sido durante mucho tiempo aliados". Hubiera sido más apropiado decir que "las estructuras tradicionales de poder con las que las estructuras tradicionales de poder de EE UU han estado durante mucho tiempo aliadas", y sería más exacto.
 
El mismo Carrothers se muestra insatisfecho con el resultado, pero describe lo que él denomina la "crítica liberal" como débil en sus fundamentos. Dicha crítica deja los viejos debates "sin resolver", dice, a causa de "su perenne debilidad". Esta perenne debilidad consiste en no ofrecer ninguna alternativa a la política de restauración de las estructuras tradicionales de poder, en este caso mediante el terror asesino que dejó unos doscientos mil cadáveres durante los años 80 y millones de refugiados, heridos y huérfanos en sociedades devastadas. De nuevo aparece TINA.
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