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CRONICAS DE UN MUNDO EN CONFLICTO
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La Cruzada contra los albigenses, el primer caso de genocidio de la Europa Moderna.

En el año 1209 un ejército de 30.000 hombres entre infantería y caballería provenientes del norte europeo irrumpió como un ciclón en el Languedoc, la regón nordoriental de los Pirineos en el sud de la Francia actual.

Durante la guerra la totalidad del territorio fue arrasado, desvastado, los cultivos destruídos y las ciudades y pequeños poblados pasados por las armas sin excepción alguna.
 
El exterminio fue perpetrado con una ferocidad tan brutal y sistemática que es considerado por muchos estudiosos como el primer caso de "genocidio" en la historia moderna de Europa.
 


El exterminio en Beziers.


En la ciudad de Beziers fueron exterminadas 15.000 personas, entre hombres mujeres y niños, la mayoría de ellos dentro de la misma iglesia en la que se habían refugiado.

Según rezan algunos manuscritos cuando el oficial encargado de dar comienzo a la represión preguntó al legado apostólico como hacía para diferenciar los herejes de los verdaderos creyentes éste le respondió: "mátalos a todos, Dios sabrá reconocer a los suyos".

La frase, que podría ser apócrifa, refleja no obstante el fanatismo y el celo sanguinario con que eran perpetradas estas atrocidades.

La guerra, que se prolongó por 40 años es conocida en los manuales de historia como la Cruzada contra los Albigenses.

Una verdadera Cruzada.

Fue una cruzada en el verdadero sentido de la palabra. Promovida por el papa, los participantes llevaban una cruz en la túnica, como los cruzados en Palestina.

Las recompensas eran, de igual manera, como aquéllas prometidas a los cruzados en Tierra Santa: perdón de todos los pecados, exclusión de las penitencias, un lugar asegurado en el Paraíso, la opción de no combatir por más de 40 días y, no menos importante, la apropiación de todo el botín que lograban incautar.

Cuando en 1250 la cruzada termina el Languedoc era una tierra arrasada, devastada en todo el sentido de la palabra. Todo había sido destruído.

La región, que hasta ese entonces había sido una de las más evolucionadas de Europa, había caído de nuevo en la barbarie que caracterizaba el resto de Eruropa en la Edad Media.

Por qué tantos horrores y tanta brutalidad?

A inicios del siglo XIII hoy conocida como Languedoc no hacía parte oficialmente de Francia. Era un prinicipado independiente, con un idioma, una cultura e instituciones políticas más afines con España (reinos de León, Aragón y Castilla)  que con Francia.  Su cultura era la más avanzada de toda la cristianidad con la única excepción del Imperio Bizantino.

La erudicción en general, y la literatura en particular, junto con la filosofía y otras artes intelectuales como la poesía, el griego y el árabe, eran consideradas sumamente importantes. A diferencia de los aristocráticos del Norte que en su mayoría no sabían ni siquiera escribir su propio nombre.

Otra cosa que provocaba el fastidio de la Iglesia de Roma era la total tolerancia religiosa, en contraste con el fanatismo religioso que caracteriza tras partes de Europa. El pensamiento islámico, por ejemplo, entraba por medio de centros marítimos como Marsella. O venía desde España a través de los Pirineos.

El Languedoc en el siglo XIII había alcanzado un vértice cultural que no sería más visto hasta la llegada del Renacimiento.

Herejía albigense vs catolicismo romano.
 

45 años ante de la cruzada albigense, es decir en el año 1165, los herejes habían sido condenados por el papa por un concilio llevado a cabo en Albi. De ahí el nombre con el cuál pasaron a ser conocidos, aunque en general eran llamados Cátaros y, en Italia, Patarini. En realidad ya sea Albigenses como Cátaros eran nombres genéricos ya que indicaban una iglesia única con un "corpues" doctrinal y teológico definitivo y codificado. 
 
En realidad eran una multitud de sectas diversas guiadas por líderes independientes. Y si bien tenían ciertos principios en común diferían básicamente en los detalles.
 
Aparte de esto tengamos en cuenta que la mayor parte de las noticias qe tenemos acerca de los denominados "herejes" nos han llegado a través de la Santa Inquisición, con lo cual la parcialidad del juicio emitido  no tenía ninguna garantía de imparcialidad.
 

La doctrina cátara.

En general la doctrina cátara aceptaba la teoría de la reencarnación y el reconocimiento del principio feminista de la religión. Sus predicadores, por lo tanto, eran hombre y mujeres.
 
Lo que sostenían los cátaros y hacía enfurecer a la Iglesia Católica era, en realidad, la negación de las jerarquías eclesiásticas y por lo tanto negaban la necesidad de una intermediación entre el hombre y Dios. Esto, para la institución guida por el Papa, era y es todavía considerado como un repudio della fe. Los cátaros sostenían que el contacto con Dios debía ser directo sin intermediarios de ninguna naturaleza. Y esto significaba minar las bases del poder eclesiástico. Sacerdotes, obistos y el mismo eran, a este punto, figuras superfluas.
 
A diferencia de los católicos que creìan en un Dios único y supremo que tenía como antagonista un ser maléfico -de grado inferior- que era el Diablo o Satanás, los cátaros creían en la existencia de dos Dioses de igual poder. Uno bueno, puro espíritu no contaminado por la materia (o por lo material intrínsecamente) inspirado en el amor. Y otro maléfico, representado por el poder y manchado por la contaminación material.
 
Considerando a todo la materia como mala o maléfica la Iglesia interpretaba que los cátaros negaban la reencarnación de Jesús y por lo tanto eran herejes, ya que su carácter divino le impedía de sufrir este martirio.

Cuando en realidad muchos cátaros consideraban a Jesús como un verdadero profeta. Que por defender su propia fe fue crucificado. Pero también sostenían que, en esas condiciones, era imposible que resucitara.
Roma, con su opulencia y su riqueza, era para los cátaros la más perfecta expresión de la materia, y por lo tanto representaba perfectamente al Dios malévolo, o como ellos lo llamaban, Rex Mundi (Rey de los Mundos).
 
Ante esta alternativa rechazaban la adoración de la cruz por su escaso significado espiritual y, en consecuencia, negaban también la validez de sacramentos como el bautismo y la comunión.
 

La versión cátara en la actualidad.
 

No obstante estas posiciones teológigas, sutiles, complejas y abstractas, tal vez incluso inconsistentes para una mentalidad moderna, los cátaros no eran fanáticos.
 
Hoy en día algunos intelectuales consideran los cátaros como una congregación de sabios, de místicos iluminados en el pensamiento cósmico.
 
Eran personas comunes, no hacín alarde de títulos de nobleza ni requezas. En su credo no existían las penitencias ni el sentido de culpa tan arraigado en la iglesia romana.
 
Los cátaros eran extremadamente simples y prácticos. Si bien condenaban la propagfación no por eso abolían la sexualidad. Aplicaban el control de los nacimientos y algunos indicios hacen suponer que lo hacían a través del aborto. J. T. Norman en su libro Contraception escribe: "Los maniqueos habían usado durante mucho tiempo diversos métodos para el control de los nacimientos y venían censurados de justificar el aborto. Seguramente esas prácticas estaban incluídas en la base del pensamiento cátaro".
 
La condena de la anticoncepción por parte de la Iglesia es confirmada en forma paralela y contemporánea a la condena de la llamada "herejía cátara".
 
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