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Como novela Notre-Dame de Paris se asemeja más a la catedral que a los personajes que representa


Segunda y última parte de nuestra interpretación acerca de los personajes de Víctor Hugo en la noevala Notre-Dame de Parìs.

Como novela Notre-Dame de Parìs se asemeja mucho más al monumento en sì mismo que a los personajes que representa.
Hay que considerar a la catedral como un bloque único, ya sea en lo que se refiere a su nombre msimo o a su entidad como monumento. Es la única manera para entender el relato verdaderamente épico de Víctor Hugo.

En los capítulos iniciales, por ejemplo, para referirse a una fiesta pública en la cuál participan juntos aristócratas, burgueses y masas populares hay que soportar con "estoicisco" una exagerada cantidad de nombres de personas que realmente han existido pero de los cuales ninguna ha sentido jamás hablar.

Es una novela para leerla despacio y con detenimiento.

Víctor Hugo no dice nunca: "había una multitud". No generaliza jamás. Pone la autoridad al centro de las personas para poder asì presentarlas detalladamente una a una.

Por no hablar de la dantesca visita de Gringoire a la Corte de los Milagros entre viciosos, vagabundos, estafadores, prostitutas, gitanos, falsos sacerdores, estudiantes díscolos, falsos paralíticos, ladrones, etc. Es ahì, en ese detalle minucioso y proverbial, que se entra en el verdadero libro.
Notre-Dame está dominado por la catedral, la cuás desde el alto controla y domina las moltitudes parisinas. Es una narración épica en homenaje a la gran ciudad, a sus avenidas pero también a sus callejuelas desde las cuales surjen las mismas moltitudes de que hablábamos anteriormente para volcarse en la calle principal.
Si bien Esmeralda ha hecho enamorar la posteridad, es en Quasimodo que Vctor Hugo logra dar lo mejor de sì mismo. No solo porque lo describe como un monstruo (las gargouilles de la catedral) con rasgos humanos que se encarama a èstas como un acróbata, sino porque es el único de todos los personajes que tiene un ánima verdadera, a pesar de su fealdad.
Frollo es el monje consumido por una pasión que no logra controlar. Gringoire es un híbrido, un personaje no identificado con ningún arquetipo definito. Esmeralda es la belleza en sì misma, una belleza inocente y algo platónica.

Quasimodo en cambio es absolutamente real. Es un monstruo que golpea tan fuertemente en la personalidad de Víctor Hugo que muchos años después volverá a a crear otro personaje similar, Gwynplaine en el Hombre Que Rie, aunque en este caso menos brutal y, de acuerdo con los nuevos tiempos, con una conciencia social y polìtitica de la que Quasimodo carece.
El Medioevo de Notre-Dame está circundado de todas las preocupaciones sociales y políticas de un Víctor Hugo ya maduro. Es el Medioevo francás muy distinto del Renacentismo florentino. Es una época de transición.

Ya no es más el antiguo Medioevo pero tampoco es el pleno Renacimiento. Las masas populares comienzan a rebelarse a los señores feudatarios. Gutemberg ha inventado la imprenta y el libro es una verdadera revolució social.

Frollo el monje retraìdo, severo, erudito y alquimista mira el libro que estaba leyendo, el Libri Quatuor Sententiarum, el Libro de Sentencias, que servía como libro de texto teológico en las universidades medievales, desde los años 1220 hasta el siglo XVI, despuès mira la Catedral y dice: "éste destruyerá a a aquélla". Está viviendo el traspaso de dos eras. La era de la grandiosidad, de la majestuosidad de un monumento a la era en la cual todo ese poderíon se concentra en un libro. Es un miedo atávico. Como encerrar entre las páginas de un pequeño libro la grandeza de Notre-Dame, el gigantesco templo egipcio de Karnak, el Duomo de Milano y otras obras fenomenales que se exprimen por sì solas? Cómo entender el significado de una obra majestuosa a través de las páginas de un libro? Es el fin de la arquitectura entendida como poder religioso-político-cultural. Es el fin de una era. Y es algo que Frollo no entiende. Alquimista por naturaleza desprecia la medicina.

La frase apenas pronunciada será proverbial en el desarrollo futuro de la iglesia.

Para algunos lectores queda la aventura: amor, pasión reprimida, celos, ferocidad. Todos los ingredientes concentrados en un libro.

Pero lo más importe es que Víctor Hugo nos hace creer que los protagonistas son seres humanos de carne y hueso mientras que, en realidad, la verdadera protagonista es la Catedral.
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